Realmente nunca he creído en los fenómenos paranormales, de hecho siempre he defendido la racionalidad a la hora de explicar cualquier fenómeno que nos pueda resultar, a priori, inexplicable. Siempre he intentado encontrar una explicación lógica y científica. De hecho siempre lo he conseguido... Excepto aquel año 1988.

          Me encontraba de vacaciones a las afueras de Monterrey (prefiero omitir el lugar exacto) en casa de unos familiares. Todas las mañanas paseábamos por los alrededores, respirando aire limpio y puro, mi mujer María y mi hija Felipa. Hablábamos de muchos temas, sobretodo nos contábamos los problemas que teníamos en nuestro día a día y que por el ajetreo diario no solíamos contarnos. Después de haber hecho ya hambre, decidimos regresar a casa de nuestros familiares y al llegar comprobamos que no había ya nadie, quizás habían marchado a la ciudad a realizar compras o puede que hubieran ido también a pasear. en cualquier caso, lo cierto es que la casa se encontraba vacía. Como disponíamos de una copia de la llave, nos metimos dentro y nos sentamos a ver televisión. A mí, sinceramente, me resultaba extraño y curioso que hubieran marchado justo a la hora de almorzar sin avisar, pues por lo general ellos salían de casa a comprar siempre por la tarde y alguna rara vez por la mañana, pero entre el almuerzo y la comida. Además, siempre avisaban, por si alguno de nosotros quería irse con ellos. Siempre se apuntaba a la escapada mi pequeña Felipa. Soy una persona que le da muchas vueltas a las cosas, sobretodo las que no me parecen 'normales'. Pero en fin, acabé por dejar de pensar en ello y seguí disfrutando de la compañía de mi familia.

            Es importante señalar que para llegar a la casa sólo existe un camino de partida y de llegada y no existe otra forma humana de arribar a la casa de mis familiares. Por eso mismo, me resultó curioso que de pronto llamaran a la puerta sin haber escuchado ningún auto, ninguna motocicleta ni ningún medio de transporte. Nos miramos los tres extrañados. Me incorporé del sillón donde estaba sentado para abrir la puerta. Era Cristiana, mi prima, la dueña de la casa. Se la notaba extraña, a penas me ofreció un triste 'Hola'. No es habitual en ella esa parquedad ni esa seriedad, pues se trataba de una mujer simpática, agradable y que siempre tiene un tema de conversación para platicar. Se quedó en la puerta y le expliqué (esperando a que me diera un porqué de su seriedad) que ya habíamos llegado de pasear y estábamos viendo televisión. Sencillamente, con rostro serio me miró, bajó la vista y se adentró en la casa para llegar a la cocina, pasando necesariamente por delante de María y Felipa. Yo me quedé en la puerta esperando ver a Miguel, mi primo y su marido. Pero en el exterior no había nadie, ni siquiera el coche de Miguel. Todo me empezó a resultar muy raro. Me senté de nuevo con mi mujer y mi hija comentando en voz baja la extraña actitud de mi prima. Barajamos mi mujer y yo la posibilidad de una discusión entre ambos, pero ya debía de ser una discusión fuerte para no acudir juntos. La única explicación es que Cristiana hubiera venido andando desde la capital... Pero hablamos de más de 35 km... Era poco probable. Quizás les hubiera ocurrido algo, y esa inquietud hizo que mi mujer y yo buscáramos a Cristiana en la cocina para preguntar si ocurría algo. No estaba en la cocina. Recorrimos toda la casa, de arriba abajo sin encontrarla. Salimos al exterior a ver si había suerte... Nada... Se había marchado de nuevo, sin despedirse y en esas extrañas circunstancias. Un acto reflejo me hizo mirar el reloj: las 10:43 de la mañana.

              No nos quedamos tranquilos y comenzamos a debatir el tema mi mujer y yo. No encontrábamos una explicación a la actitud de Cristiana. Para intentar tranquilizarnos, decidimos almorzar, pero cuando nos dirigimos a la cocina pudimos escuchar como un coche se acercaba por el polvoriento camino que llega a la casa. Nos miramos y sonriendo pensamos que se trataba de Miguel y Cristiana que regresaban ya de realizar sus comprar, así que acudimos de inmediato a la puerta principal. No eran ellos. Un escalofrío recorrió nuestro cuerpo. Sin poder esperar, nos acercamos mi mujer y yo al coche patrulla antes de que parase, y directamente pregunté al agente:

-¿Qué ha ocurrido? -Dije con voz temblorosa-

-Buenos días ¿familiares de los Núñez?

Asentimos al unísono mientras mi mujer ya comenzó a llorar

-Verán, esta mañana han sufrido un accidente mientras regresaban de Monterrey y la señora se encuentra hospitalizada -Dijo el agente notablemente afectado.

No lo podíamos creer... -¿Y Miguel?

-Miguel murió en el impacto. Lo siento. Pueden acudir al hospital, en este momento se encuentra Cristiana en una operación delicada. Yo me marcho ya -Dijo el agente mientras se montaba de nuevo en el auto- si puedo ayudarles en algo más...

Yo trataba de tranquilizar a mi esposa, mientras pregunté al agente -Dígame, ¿A que hora ha ocurrido?...

El agente, ya dentro del coche y dispuesto a marcharse, asomó la cabeza por la ventanilla del coche patrulla: -Sobre las 9:45 aproximadamente según los testigos...

 

Sin decir palabra, vi, inmóvil, casi como un autómata, como el coche patrulla se alejaba por el polvoriento camino...

No podía creerlo, miles de ideas revoloteaban en mi cabeza. Según dijo el agente, el accidente ocurrió a las 9:45 y nosotros vimos a Cristiana en casa a las 10:45. A esa hora estaba hospitalizada y aún se debatía entre la vida y la muerte... ¿Qué o quién se presentó ante nuestros ojos?.Por necesidad era físico, pues golpeó la puerta. Y desde luego era Cristiana. Pero se encontraba en realidad en la mesa de operaciones a varios kilómetros de allí.

Esto ocurrió en el año 1988, Cristiana gracias a Dios consiguió sobrevivir y jamás le hemos relatado lo ocurrido aquella mañana, pues consideramos que bastante tenía ya como para hablarle del tema...

Voces Imposibles - Psicofonías

(C) Iván Hitar 2008